¿Cuánto gasta el Gobierno en la salud de su población?

El gasto en salud de cada país depende en gran medida del tipo de sistema de salud pública implementado en dicha nación. Estados con sistemas orientados a la salud privada, no destinarán una proporción muy elevada de sus recursos a alimentar al sistema de salud, mientras que estados con una visión más social de la provisión de servicios de salud tenderán a invertir una mayor proporción de sus recursos en dichos sistemas.

Cada Estado encuentra su combinación de proveeduría, público-privada, de acuerdo a sus condiciones internas. Ciertamente no hay un indicador absoluto que señale la combinación óptima de los servicios, y por tanto el gasto óptimo del Gobierno.

Por otro lado, gastos masivos en salud no necesariamente significan buenos sistemas de salud pública; pueden, más bien, indicar la existencia de sistemas extremadamente ineficientes, que sin alcanzar a una gran proporción de la población, consumen una gran proporción de los recursos del Estado.

Teniendo lo anterior en mente, resulta tremendamente incongruente el nivel de gasto del Gobierno venezolano destinado al sistema salud público. Porque a pesar de que:

  • El Gobierno Central  asume a la salud como un asunto casi absolutamente público.
  • El 98% de los servicios de salud son centralizados (a 2012).
  • Hemos traído a un ejército de especialistas médicos de Cuba.
  • Se ha construido una red “mastodóntica” de Barrio Adentro, CDIs, etc.
  • Se reformó en 2010 la Ley de Seguros y Reaseguros.
  • El Estado incursionó recientemente en la industria farmacéutica.

El Gobierno Central gasta 2,33% del PIB venezolano en el sistema nacional de salud, unos US$ 275 por persona, que al tipo de cambio Bs.F/US$ 4,3, son aproximadamente Bs.F 1.182,5 per cápita (más o menos lo que cuesta una Hematología Completa). De hecho,en términos comparativos, gastamos en salud menos que Haití y Congo.

Fuente: Gráfico publicado originalmente en AnalisisVenezuela Nº14, 2011

Si bien se podría argumentar en contra recurriendo al concepto de “gasto no es igual a eficiencia”, apuntando a un sistema nacional de salud eficiente en la distribución y eficaz en la locación de recursos públicos. Pero basta una mirada a la olvidada red de hospitales venezolanos, a los ambulatorios desabastecidos y los Barrio Adentro abandonados,  para descartar la hipótesis de la eficiencia extrema del superestado venezolano.

DSI.

 

PD:

Con esta entrada  no quiero apuntar a que un Estado deba encargarse del sistema de salud y gastar lo que no tiene en éste. Pero, señores del gobierno, un poco de congruencia entre palabra y acción no vendría mal.

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Tiempos Violentos

 Sensación de inseguridad, parte 2: Homicidios

Mensaje chileno de protesta

Con la evolución  las manadas de cazadores y recolectores se hicieron cada vez más grandes, el sedentarismo sustituyó al comportamiento nómada, y el hombre descubrió los grandes beneficios de la vida en conjunto. Así, lentamente se formalizó el concepto de sociedad… y con la sociedad vinieron las normas.

Reglas e instituciones nos atan porque así lo elegimos, porque así lo necesitamos. Para mantener una sociedad funcional, nos comprometimos, a veces sin saberlo, a guiarnos por los cánones establecidos por el tiempo y la costumbre. Nos acostumbramos a honrar el intangible contrato social. Miles de reglas nos hemos impuesto, algunas de gran importancia, otras no tanto, pero la regla madre – la gran institución que permite el funcionamiento de todas las demás convenciones – es de naturaleza tan simple como esencial: respeto del derecho a la vida.

Cuando el elemental derecho a la vida de cada ciudadano es vulnerado continua e impunemente, todas las demás garantías sociales se vuelven sal y agua. Sin una base sólida, cualquier fortaleza se derrumba ante el más mínimo asedio, lo mismo pasa con los Estados.

Un homicidio no se lleva únicamente a un individuo, cada asesinato es una estocada al corazón de nuestra democracia, pues a parte de cegar una vida que pudo haber contribuido al mantenimiento y mejoramiento de la sociedad. El homicidio genera grandes daños colaterales, como el miedo, la desmotivación y, tal vez el más importante, la legitimación de si mismo. Bala a bala nos alejamos un paso más de la colusión social, acercándonos a la colisión de los individuos.

Todos tenemos una idea del problema que vive Venezuela en cuanto a la violencia e inseguridad, pero a ciencia cierta son pocos quienes manejan las estadísticas del tema, en gran parte porque al Estado no le interesa que los ciudadanos estén enterados. En este contexto cabe preguntarse ¿cuánta gente es víctima de la violencia en nuestro país cada día?, ¿cuál ha sido la evolución de la tasa de homicidios?, ¿es hoy Venezuela más o menos segura que ayer?

De acuerdo a cifras del Cicpc, en 2011 se registraron 18.850 homicidios, monto que se traduce en 52,36 homicidios al día, es decir, aproximadamente un homicidio cada 27 minutos. Cabe destacar que en esta cifra no entran los casos “en investigación”.

Pero, ¿era Venezuela tan violenta en la cuarta república? Las cifras apuntan a un rotundo “no”. Usando únicamente las cifras oficiales, se observa un incremento en la cantidad de homicidios de 215,53% entre 1999 y 2011 (ver Gráfico 1). En el mismo período la población incrementó únicamente en 31,94%, por lo tanto un 153,89% del incremento de los homicidios no puede ser atribuido al aumento poblacional.

Fuente: Cicpc, OVV

Tan dantesco como pueda parecer, entre 2009 y 2010 los homicidios superan al cáncer como la segunda causa de muerte en el territorio nacional (cifra que se mantiene hasta hoy, ver Gráfico 2), quedando únicamente apabullados por las enfermedades del corazón, primera causa de muerte a nivel mundial. De hecho, algunos autores opinan que los homicidios incluso superaron, en cierto punto, a las enfermedades cardiovasculares en el dudoso podio de la mortalidad en Venezuela. Curiosamente después de 2008, el Ministerio del Poder Popular para la Salud (MPPS) deja de publicar sus anuarios de mortalidad, en los que se enumeraban las principales 4 causas de muerte en el país.

Fuente: MPPS, Sociedad Anticancerosa de Venezuela, Cicpc, cálculos propios

En estos tiempos de encuestas, con frecuencia sale a relucir que el principal problema para el venezolano no es otro que la inseguridad, que puede más que la gran inflación, el desempleo y el control. Y es que, de poco sirve una economía boyante con una bala entre pecho y espalda. Por lo tanto, los asesinatos se han convertido en la gran tragedia venezolana. Al hablar de tragedia no es simple retórica mi intención, sino reflejar una dura realidad: No ha habido en Venezuela desastre alguno que supere, en magnitud de vidas robadas, a los homicidios ocurridos en el periodo 1999-2011.

De hecho, como se aprecia en el gráfico, importantes tragedias del mundo palidecen cuando las comparamos a la cuenta oficial de homicidios en Venezuela.

Fuente: USGS, NY Times, Global Security, Cicpc

Entre esta abrumadora oscuridad, la esperanza tímidamente se asoma. La inseguridad  y la violencia han sido combatidas exitosamente en otros países con planes multifocales.  Prevención – con educación, estabilidad y empleo – e intervención  -con jueces, policías y  prisiones – son elementos básicos para la lucha contra la violencia criminal. Sin embargo, en primera instancia hace falta es un Estado verdaderamente interesado en darle solución de fondo a la tragedia venezolana. Un estado que ponga fin a estos tiempos violentos.

DSI.

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Way to go, Russia!

ImagenUn pequeño inciso informativo en la programación regular del blog:

Hablando de anacronismos…

La corte suprema de Moscú prohibió las marchas del orgullo gay en la capital rusa por 100 años más (sí, el “más” es porque ya estaban prohibidas).

http://www.bbc.co.uk/news/world-europe-19293465

Asimismo, los miembros de Pussy Riot (la banda punk rusa) serán sentenciados hoy por incentivar el comportamiento anti-institucional.

http://news.yahoo.com/pussy-riot-found-guilty-114527816.html

Way to go, Russia

 

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Sensación de Inseguridad. Pare I

Intro y Secuestros

Mucho hemos oído hablar de la “sensación de inseguridad” que reina en Venezuela. Término con el que se planeó minimizar el impacto político del fracaso en materia de seguridad ciudadana del Gobierno Nacional.”Sensación de Inseguridad”. Significa eso que no es verdadera inseguridad la que se vive día a día? que sólo es una percepción social magnificada?

Pareciera muy difícil que una sociedad tan mezclada y por lo tanto tan disímil como la nuestra, con grandes diferencias geográficas en el acceso a educación  y las telecomunicaciones y con una gran variedad de grupos socio-económicos, pueda ser susceptible a la paranoia colectiva.

En esta y subsecuentes entregas publicaré un par de datos que apuntan a que la “Sensación de Inseguridad: no es simplemente un estado de alienación mental de las masas, sino, todo lo contrario, una respuesta racional a un grave problema de fondo.

Los secuestros

En 2011 hubo 1.150 secuestros reportados, de acuerdo a cifras del CICPC. Si ponemos esta cifra en términos relativos al tamaño de nuestra población obtenemos una tasa de aprox. 3,8 secuestros por cada 100.000 habitantes. No suena tan alto, no? Resulta que esta tasa es casi 3 veces mayor a la de México y más de 4 veces la de Colombia, ambos países con serios problemas de crimen organizado relacionado al narcotráfico.

La buena noticia: hay un plan de seguridad ciudadana (A Toda Vida Venezuela) que promete arreglar el problema de la inseguridad de una buena vez.

La mala noticia: los 18 planes de seguridad anteriores, aprobados entre 1999 y 2011, prometieron lo mismo y fracasaron rotundamente.

Paradojas de la vida… pareciera que mientras más planes de seguridad se ponen en marcha, más aumentan los secuestros. Desde la puesta en marcha del primer plan, la tasa de secuestros mensual ha aumentado en 2.514% (sí, más de dos mil %). En un mes normal de 1999 eran secuestradas 4 personas en el territorio nacional; 12 años después, 96 personas eran secuestradas cada mes.

Fuente: CICPC

Paranoia Colectiva: 0 – Miedo Racional a peligro verdadero: 1

DSI.

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Subsidiando el Subdesarrollo

 La gasolina más barata del mundo no es un motivo de orgullo

Con el mismo dinero que necesitamos para comprar 1 litro de agua embotellada, podemos comprar alrededor de 120 litros de gasolina en Venezuela. De hecho, con un mes de salario mínimo, invertido únicamente en combustible, se pueden llenar aproximadamente 414 tanques de un automóvil promedio;  para poder comprar esta cantidad de combustible, un norteamericano estándar necesitaría cerca de 18 meses de salario mínimo (el cálculo puede variar considerablemente dependiendo del estado).

Para que el venezolano pueda disfrutar de una gasolina ficticiamente económica, el Estado debe pagar un gran subsidio. El subsidio se descompone en dos partes básicas: por un lado, el Estado debe pagar la diferencia entre el costo de producción de la gasolina y el precio en el mercado local. Por otro lado (y este es el subsidio más importante), el Estado, o mejor dicho, la nación debe dejar de ganar el ingreso que podría obtener de vender la gasolina consumida localmente en los mercados internacionales. Es decir, existe un costo directo y un costo de oportunidad cuando se subsidia la gasolina.

Las estimaciones del subsidio a la gasolina varían considerablemente entre los diferentes estudios. Sin embargo, el consenso apunta a un subsidio de más de US$ 10.000 millones en 2011. De acuerdo a la firma de consultoría Ecoanalítica, el subsidio alcanzó los US$ 10.281 millones en 2011, cifra que representa 4,8% del PIB de la nación para ese período.

Fuente: Ecoanalítica

 

No faltará quien defienda el subsidio pues se evitan algunas tensiones sociales, que podrían ser políticamente muy costosas para el gobierno de turno.  No obstante, una gasolina artificialmente económica genera grandísimas distorsiones en el sistema de incentivos de la sociedad, y por lo tanto en su comportamiento. Como ejemplos, el contrabando, la congestión vehicular, el mal transporte público, la delincuencia y cierto halo de mal humor.

Que la gasolina sea barata en el país es algo de lo que todos estamos conscientes, es algo con lo que nacimos y hemos vivido, es algo normal para el colectivo. Sin embargo, es también normal no contar con una buena infraestructura vial ni con un buen transporte público, es normal consumir un par de horas al día en ir y venir del trabajo, es normal no contar con buenos hospitales ni áreas para la recreación. Es normal, en fin, vivir el subdesarrollo.

Evidentemente, no podemos decir que la condición de subdesarrollo se únicamente deba al gran subsidio de la gasolina, pero ¡cómo ayuda!

Nuevamente el costo de oportunidad es el concepto clave para el análisis de nuestra realidad distorsionada. Entre otras cosas, el subsidio a la gasolina representa la imposibilidad de usar ese dinero para proyectos con mejor retorno social. Subsidiar implica menos hospitales, menos fondos para escuelas y universidades públicas, menos museos, menos vías y sistemas de transporte, menos ayuda a los asilos y albergues, menos inversión en turismo, menos inversión en incrementar la capacidad de producción y refinación nacional y, por ende, un menor flujo de ingresos futuros para el país.

Fuente: Ocepre, Ecoanalítica

Puede que la gasolina económica mantenga a los ciudadanos conformes, y que su incremento pueda quebrar un equilibrio frágil. Sin embargo, los beneficios sociales asociados a una nueva administración de los recursos usados para subsidiar el combustible, podrían superar ampliamente los costos políticos de la eliminación total o parcial de esta nefasta política que tanto daño nos hace.

DSI.

 

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10 razones de: Por qué Venezuela está como está

Imagen

Por momentos la amamos, moldeamos y de vez en cuando aborrecemos. Es que nada más fácil y entretenido que hablar del problema sin brindar solución.  Porque un buen “por eso es que Venezuela está como está”  trasciende los límites del tiempo y espacio. Pero es la misma naturaleza que hace a esta locución una gran favorita del colectivo, su evidente punto débil: la generalidad.

Acá presento una lista  de 10 motivos moderadamente válidos para acompañar un glorioso “Venezuela está como está”:

1)      … Porque con 4.006 km de costas, 1.700 km de playas, 314 islas, el salto de agua más alto del mundo (807 mts), 91.280 hectáreas de desierto y una montaña nevada, recibimos en 2011 únicamente al 1% de los turistas que visitaron América Latina. Es decir, menos turismo que Trinidad y Tobago, que sólo tiene el 0,55% de la superficie de Venezuela.

2)      … Porque, si descontamos países en o post-guerra civil o dictaduras moderadamente sangrientas, tenemos la  inflación más alta del mundo. Nuestra medalla de oro.

3)      … Porque en Venezuela, la escasez no se combate con políticas pro competencia, sino con controles de precio. Bombeando keroseno para apagar un incendio.

4)      … Porque se consolida la soberanía alimentaria, importando 70% de lo que se consume.

5)      … Porque en un país cuya principal fuente de ingreso es el petróleo, ni el Ministerio del Poder Popular de Petróleo y Minería, ni la empresa estatal, Pdvsa, publican cifras sobre la producción de crudo en la nación. Todo se reduce a un salto de fe.

6)      … Porque la demanda de servicios forenses supera ampliamente la oferta. Es decir, hay más ultimados que puestos en las morgues.

7)      … Porque el presidente ha pasado  más tiempo en radio y televisión (72 horas al 31 de julio) que los animadores de cualquier Talk Show venezolano. Por supuesto, esta cuenta es únicamente contando las Cadenas Nacionales. Qué fue del Aló Presidente? Última temporada?

8)      … Porque, aun cuando el motor de la importación es la lechuga verde, y por ende se calculan los márgenes de ganancia a lechuga verde, lo que termina significando un traspaso al consumidor del costo de la importación a lechuga verde. Está prohibido por ley hablar de ella. Si no la miras, entonces no está.

9)      … Porque en el país con 297.000 millones de barriles de petróleo de reservas certificadas y una historia de dedicación a la industria petrolera, la capacidad local de refinación no se da abasto con la demanda nacional, por lo que debe comprarse gasolina al exterior a precios internacionales, para regalarse en el mercado local.

10)   Porque el negocio de blindaje de vehículos se expandió 100% en el último año.  Aun con tantos controles e intervenciones, las leyes de oferta y demanda siguen abriéndose paso.

11)   … Porque el Ministerio de la Mujer publica presentaciones misóginas en su portal web.

12)   … Porque en un Metro de Caracas construido para 700 mil personas, se transportan más de 2.100.000 almas al día. Sumemos  a esto un pésimo sistema de autobuses, un BusCaracas que se perdió en el olvido de la administración pública y una infraestructura vial que colapsa 3 veces al día, todos los días de la semana. No es de extrañar que la velocidad de tránsito promedio en la capital esté entre los 11 y 14 km/h.

13)   … Porque a pesar de ser una lista de 10 razones y a pesar de haber dedicado una considerable cantidad de tiempo descartando razones secundarias, terminas incluyendo 13 razones en tu lista.

Es por esto y  mucho más, que Venezuela está como está.

DSI.

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El costo de un buen libro

Libros. Papel, tinta e ideas. Sobre todo ideas.

Los libros han sido para nosotros, los de la vieja escuela, una muy útil herramienta para la adquisición de conocimientos, actualización de viejas ideas, reflexión, discusión y diversión. Si estás leyendo esto, es porque te gusta leer, o por lo menos no te molesta. Para nosotros, lectores, la idea de sentarnos un par de horas al día a cruzar página a página un libro no es para nada desagradable. Sin embargo, los libros pueden ser muy costosos.

Te has preguntado ¿Cuánto cuesta un buen libro?, o mejor dicho, ¿Cuánto nos cuesta una buena lectura? Tal vez 200 Bs., 500 Bs., o 1.000 Bs. Pues no, si bien el precio de un libro puede ser un factor importante al momento de la compra, tal vez determinante, en lo que estoy pensando no es el dinero, sino en un activo mucho más preciado; el tiempo. Desafortunadamente el tiempo es lineal, es decir, sólo podemos estar en un lugar en determinado momento y la actividad que realicemos en ese instante negará la posibilidad de hacer cualquier otra. En otras palabras, dedicar una hora al día a leer un libro negará la posibilidad usar de esa misma hora para ir al cine, nadar, o dormir.

Si acotamos esta discusión al mundo de la lectura, leer un libro en un determinado instante implica la imposibilidad de leer otro libro en ese mismo momento. Entonces, el verdadero costo del libro viene dado por lo que dejamos de aprender de otro libro, por leer lo que actualmente escogemos. Es decir, un simple costo de oportunidad.

¿Existe alguna estrategia óptima? En un mundo perfecto, sería plausible. Si tomamos en cuenta nuestras necesidades y aspiraciones presentes, y asumiendo conocimiento completo del stock de libros al que podemos acceder (oh! El componente monetario), podríamos escoger el libro con menor costo de oportunidad. Es decir, en teoría podríamos elegir el libro que nos brinde la mayor cantidad o calidad de conocimiento en términos relativos a sus competidores.

Sin embargo, el mundo está lejos de ser perfecto y la información, específicamente en este mercado, lejos de ser completa. Cabe, por tanto, reformular nuestra pregunta anterior, ¿existe alguna buena estrategia de lectura? Por supuesto, y depende enteramente de nuestros objetivos. Por tanto, si queremos sacar el mayor provecho al tiempo que usamos para leer, debemos hacer una breve investigación primero. Algunos factores a tomar en cuenta: Tiempo, interés, conocimiento, autor, precio. Lamentablemente, brindar una estrategia personalizada está fuera de mi alcance, a menos, claro, que nuestras preferencias fueran perfectamente coincidentes.

En mi caso, los libros han perdido protagonismo ante los artículos. Con los artículos, bien sea en la blogosfera o en magazines especializados, obtenemos opiniones diversas, generalmente gratuitos e  impolutos de la mano de un editor no empapado en el tema en cuestión. No obstante, el punto que hace tan llamativos a los artículos, a mi gusto, es la restricción  tiempo/ espacio que sufren los articulistas. Al poseer tanto espacio libre, los escritores de libros deben buscar cómo llenarlo, un articulista contará, generalmente, con un espacio menor al concebido como necesario para desarrollar su idea. La síntesis de los artículos, así como su puntualidad y precisión (todo esto, claro está, asumiendo un buen autor) nos hará ganar cierto tiempo para ahondar en la lectura, de considerarlo necesario, o simplemente para pasar al siguiente artículo.

Para algunos, puede que el argumento de la racionalidad perfecta lleve a pensar que el libro/artículo que escojamos leer en determinado momento siempre será la mejor elección entre las opciones disponibles. Por lo general concuerdo con esta lógica, pero en el caso de los libros ciertas singularidades me  hacen diferir de esta línea de pensamiento, tal es el caso de la serie “Crepúsculo”. Bromas aparte, la falta de información ex ante y la imposibilidad de contrafactuales puede rendir insuficiente al argumento de la racionalidad perfecta en el mercado de los libros.

No importa cuál sea tu estrategia de lectura. Sólo ten en mente la próxima vez que te encuentres frente a un libro, que la cantidad de páginas que leeremos a lo largo de nuestra vida es limitada, tal vez muy limitada. Por lo tanto, debemos considerar el tiempo como cualquier otro activo financiero e invertirlo en el portafolio con la mejor relación rendimiento/riesgo al plazo que buscamos.

DS.

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